miércoles, 10 de febrero de 2010

Invictus

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me econtrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

Este poema, que es el eje de la película "Invictus" de Clint Eastwood, fue inspirador para Nelson Mandela durante sus 27 años de carcel, y le permitió a su salida trascender las circunstancias y decidir reconciliar un pais en lugar de dar rienda suelta a un legítimo potencial odio acumulado.

Es un ejemplo extraordinario de cómo, por adversas que sean las circunstancias, el hombre tiene la capacidad de elevarse por encima de ellas y ejercer su LIBERTAD de decidir RESPONSABLEMENTE qué respuesta quiere dar. Esa dimensión espiritual siempre libre es lo que permite que, en base a las enseñanzas de Viktor Frankl, de igual lo complicada que sea la realidad, siempre hay un espacio de libertad que ejercer para adoptar una postura, una actitud elegida ante ella.

Si aplicamos este enfoque al mundo del trabajo, el profesional siempre tiene una oportunidad de dar sentido al trabajo que realiza, por cerrado y mecánico que pueda ser el trabajo que tenga que desempeñar. Más allá de esto, son las organizaciones las que deben aportar espacios amplios de decisión y pensar los puestos para que el profesional pueda encontrar sentido en lo que hace y por ello esté motivado por las tareas que se le encomiendan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario